
La estabilidad de Asia Oriental se enfrenta a una amenaza existencial tras los recientes análisis vertidos ayer en el programa Hiruobi de la cadena de televisiva TBS. Expertos japoneses en geopolítica advirtieron sobre un posible cambio de paradigma en la Casa Blanca: una alianza directa entre Washington y Pekín que deje a Tokio fuera de la ecuación. En este escenario, el gobierno de Sanae Takaichi encara el desafío de evitar que el orden internacional se transforme en un sistema «G2», donde las dos superpotencias decidan el destino del mundo sin consultar a sus aliados.
Naoyuki Hayashi, del diario Asahi Shimbun, dijo que la diplomacia japonesa se mueve en un triángulo crítico entre Japón, Estados Unidos y China. La preocupación radica en que, mientras la distancia con China se alarga, el vínculo con Washington debe fortalecerse más que nunca. Según Hayashi, la solidez de la relación nipo-estadounidense es la única herramienta real que tiene Japón para obligar a China a mantener una postura dialogante y respetuosa.
LA DOCTRINA DEL «PATIO TRASERO»
La nueva Estrategia de Seguridad Nacional de la administración Trump ha enviado un mensaje claro y alarmante: Estados Unidos considera el hemisferio occidental como su zona de interés exclusivo. Bajo esta visión, el resto del planeta queda fuera de sus prioridades inmediatas. El analista económico Keiichi Kaya sostuvo que este aislacionismo abre la puerta a un «negocio» directo con Pekín. La frase que resuena en los pasillos de poder es estremecedora: «Te encargo Asia, haz lo que quieras con ella».
Este posible abandono no es una teoría infundada, sino una posibilidad real si Trump decide que el despliegue militar y político en Oriente ya no sirve a sus intereses económicos inmediatos. Si Estados Unidos deja de actuar como contrapeso, Japón quedaría en una posición de extrema vulnerabilidad ante las ambiciones territoriales y políticas de China en la región.
UN ORDEN FINANCIERO TRIPOLAR
El impacto de este giro diplomático trascenderá lo militar para sacudir los cimientos del sistema financiero. Los analistas prevén que el dominio absoluto del dólar está llegando a su fin para dar paso a un modelo de tres bloques: el euro, el dólar y el yuan chino. Esta fragmentación obligaría a Japón a renegociar su lugar en una economía global donde ya no podrá contar con el respaldo incondicional de la moneda estadounidense como eje central.
El abogado Hideki Yashiro enfatizó que Japón no puede quedarse de brazos cruzados esperando el próximo movimiento de Washington. Es imperativo construir relaciones sólidas con todos los sectores del espectro político estadounidense, incluyendo a aquellos en el Partido Republicano que recelan de un pacto con China. En un momento donde Trump utiliza la provocación como herramienta de negociación, Japón debe demostrar que su papel en Asia es indispensable si no quiere despertar en un continente bajo control absoluto de Pekín. (RI/AG/IP/)
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