La operación relámpago del presidente Donald Trump para remover a Nicolás Maduro del poder ha generado un sismo geopolítico. Este movimiento no sólo redefine el futuro de Caracas, sino que altera profundamente los cálculos estratégicos de China en una región donde ha cimentado su influencia económica por décadas.
Para muchos analistas, Washington ha asestado un golpe indirecto pero devastador a Pekín. La vulnerabilidad china es especialmente crítica debido a la inestabilidad en Irán. Si el suministro de crudo iraní se viera interrumpido, China, su mayor cliente, dependería de Venezuela para cubrir ese vacío. Con el control estadounidense sobre el país caribeño, ese salvavidas energético parece haberse esfumado.
IMPACTO FINANCIERO Y MILITAR
David Wurmser, ex asesor de la Casa Blanca, califica este momento como una convergencia de crisis catastrófica para el gigante asiático. La pérdida del acceso al petróleo subsidiado de Irán y Venezuela elimina la ventaja económica que China mantenía al comprar energía por debajo de los precios de mercado.
El impacto no es solo financiero, sino también militar. Los sistemas de radar de fabricación china, pilares de la defensa aérea venezolana, quedaron paralizados y fueron incapaces de detectar las fuerzas estadounidenses. Este fallo tecnológico expone, según Wurmser, una debilidad sistemática en el armamento compartido entre China, Rusia e Irán.
Pekín podría ser el mayor perdedor económico en este nuevo escenario. Según datos de AidData, Venezuela fue el cuarto mayor receptor de préstamos chinos en el mundo, con inversiones que alcanzan los 60.000 millones de dólares. El régimen de Maduro suministraba casi el 10% de las importaciones de crudo de China; ahora, ese flujo está en riesgo bajo la nueva administración.
Michael Sobolik, del Hudson Institute, señala que las garantías que China ofreció a Maduro en su última reunión tuvieron una «vida útil notablemente corta». Para Sobolik, la incapacidad de Pekín para rescatar a sus aliados evidencia su falta de capacidad para proyectar poder militar frente a un sistema de intervención directa de Estados Unidos.
MÁS ALLÁ DE LA DOCTRINA MONROE
No todas las voces en Washington celebran la operación con la misma confianza. Katherine Thompson, del Cato Institute, advierte sobre un posible «desvío estratégico». Según su visión, el compromiso de Trump de «dirigir» Venezuela contradice la promesa de evitar cargas globales interminables y podría distraer los recursos necesarios para enfrentar directamente a China.
En contraste, otros analistas defienden la acción como un retorno necesario a la Doctrina Monroe. La defensa del hemisferio occidental es la prioridad número uno y permitir la injerencia de potencias extranjeras en la región es inaceptable para la seguridad nacional estadounidense.
A pesar de la magnitud del evento, algunos expertos como Ryan Hass de Brookings Institution dudan que esto cambie los planes de China respecto a Taiwán. Sin embargo, prevé que Pekín utilizará este precedente para exigir en privado el mismo derecho a ignorar el derecho internacional en el Mar de China Meridional que Estados Unidos ha ejercido en su propio vecindario. (RI/AG/IP/)
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