
El panorama religioso de Japón está experimentando una transformación que ha quedado visibilizada en la ciudad de Fukuoka. Recientemente, unos 600 fieles musulmanes ocuparon un parque público con lonas azules para realizar sus oraciones al no caber en la Mezquita de Fukuoka, situada en el distrito de Higashi. Esta escena, marcada por el sonido de los megáfonos y una multitud arrodillada, representa un fenómeno que ha crecido a pasos agigantados: en apenas un cuarto de siglo, el número de mezquitas en el archipiélago se ha multiplicado por nueve, alcanzando ya las 164 instalaciones en todo el país.
La controversia surgió cuando la ocupación del espacio público desbordó por completo los límites legales establecidos. Según las autoridades del distrito de Higashi, la entidad religiosa solicitó permiso para ocupar 100 metros cuadrados del parque durante una festividad importante en junio de 2025. Sin embargo, en la práctica se utilizaron unos 600 metros cuadrados, seis veces más de lo autorizado. Ammar Nabeel, representante de la mezquita y originario de Egipto, explicó que la coincidencia del gran festival islámico con un sábado atrajo a más personas, superando todas las previsiones y disculpándose por lo que calificó como un error de cálculo.
La reacción de la comunidad local ante este sistema de convivencia religiosa es mixta y refleja los desafíos de la integración cultural. Mientras algunos residentes afirman no tener problemas con las oraciones al aire libre y aceptan con naturalidad el aumento de extranjeros, otros confiesan sentir una sensación de intimidación ante el rápido incremento de personas con costumbres tan distintas. En septiembre de 2025, se registraron protestas frente a la mezquita lo que llevó a la asociación de vecinos a solicitar medidas para evitar que se repita el exceso de ocupación.
El municipio ha emitido una directriz estricta para que en el futuro se respeten rigurosamente los límites de los permisos concedidos. Este crecimiento no es un hecho aislado, ya que el número de musulmanes en Japón se ha duplicado en solo cuatro años, planteando un reto logístico para las dos grandes festividades anuales del islam. Con la próxima gran oración programada para marzo, las autoridades y los líderes religiosos buscan un equilibrio que permita el ejercicio de la fe sin alterar el orden público en una sociedad que, hasta hace poco, era extremadamente homogénea. (RI/AG/IP/)
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